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viernes, 13 de junio de 2025

Día Nacional de la Caída del Guindo

Supongo que por todo esto, que ya era imposible de tapar y que ahora conocemos gracias a esa UCO que intentaron desacreditar antes de que se abriera la caja de los truenos, esos medios que, una vez leído el informe ese que no existía, ¡Oh, maravilla!, han tenido que plegar velas, corregir rumbo y rendirse a la evidencia. Una evidencia que ya venían destapando ciertos periódicos, molestos por veraces, que el gobierno, la sincronizada y la parroquia llamaban pseudomedios, fábricas de bulos, máquinas del fango y demás imaginativas excusas de mal pagador. Hemos descubierto, entre otras cosas, que muchos 'bulos' eran ciertos. A 'El Ojete', (neandertal dixit) le deberían pedir perdón, tanto el ministro de las obras públicas, los trenes, los puentes y las carreteras de donde han salido tantas mordidas, como los mariachis y turiferarios que prendían incienso y se santiguaban al oír nombrar a este periódico. Llevan meses y meses investigando y destapando algunas de las corrupciones que ahora se hacen evidentes e innegables. Intentaron de forma chapucera y desesperada desacreditar también a la UCO, que iba sabiendo ya demasiado y llegando a la almendra, y a los jueces, a esos que se meten donde no deben. Prensa, justicia y la Guardia Civil, siempre considerados enemigos por toda clase de delincuentes. Seguramente esa estrategia que ahora queda clara y desactivada la urdió, solo o con ayuda de otros, en aquellos famosos cinco días de permiso por asuntos propios, el señor presidente, que se las veía venir. Queda enterrado el relato de la conspiración, de la campaña coordinada de bulos, ese acoso injustificado de fachas con toga, pseudomedios y cloacas, un invento hoy se les vuelve en contra. Lo de la bomba lapa fue el último y desesperado intento de arrojar humo, una mentira, colosal y vergonzosa, que debiera haber puesto fin a muchas carreras ministeriales y periodísticas.

No, no son dos o tres sinvergüenzas que pasaban por la sede del partido, unos señores de marrón, que diría Gila, como alguno dice y quisiera pensar. Uno de estos torrentes fue el actor que interpretó el discurso de investidura, un convencido y sincero azote de la corrupción. El otro prenda, entre mordida y mordida, ha sido el mamporrero de los pactos, componendas y contratos de sastrería legislativa de su jefe con Junts, Esquerra o Bildu, aquí o en Ginebra. No era ná' lo del ojo. El núcleo duro del invento. Eran dos sucesivos Secretarios de Organización del Partido Socialista, nada más y nada menos, que vaya ojo para echar cluecas. Toda esa 'organización' cabía en un Peugeot. Y sí lo organizaron bien, sí. Y el Secretario General se va a llorar a Ferraz, pues la corrupción es cosa del partido, dice o sugiere, no del gobierno. Flaco favor le hace, además de añadir otra mentira a su larga lista. Las obras las otorgan los ministerios del gobierno, no el partido y, nadie salvo él tiene culpa de la confusión que su colonización de todo produce. Veremos hasta dónde abarca la organización criminal de la que se les acusa. Hacen falta manadas de altos cargos, dirigentes y funcionarios, conchabados para manipular concesiones de obra pública. Y no, llorar no es suficiente, hay que limpiar la casa y desalojar algunos inquilinos, si no a todos. Esto ya lo hemos vivido, con los mismos o con otros protagonistas. Y les hemos escuchado a unos y a otros decir lo mismo, reaccionar mal y cuando ya no había otro remedio. El retrato queda hecho y el resto es cosa de la justicia.

Lo más demoledor de la situación no es lo que ya sabemos, ni siquiera lo que seguramente acabaremos sabiendo. Lo peor para ellos es que algunos periodistas, no todos, han recordado de pronto que lo son. Han vislumbrado la posibilidad de que este gobierno dure menos de lo previsto y, claro, hay que huir a tiempo. Bienvenidos a la sobrevenida decencia los que se van acercando a ella, aunque sea por cálculo y conveniencia. El resto es irrecuperable para la verdad y la democracia, de la mano de algunos parroquianos que siguen con sus memes y peroratas. Los acólitos más fervorosos intentan relativizar, menguar o tapar estos gravísimos casos de corrupción, esa que venían a corregir, primera de sus mentiras, engaño fundacional. La corrupción existió, existe y existirá, porque siempre han existido también y antes los que, viniendo de los suyos, la consienten o la perdonan. Y no vale ni el tú más ni el nosotros menos. La justicia, como digo, dirá si la dejan, que esa es otra.


sábado, 7 de junio de 2025

Index

Es natural que la actual curia socialista haya incluido a The Objetctive en el primer lugar de su Index Librorum Prohibitorum. ¡Vade retro, Satanás! También, en esa lógica de pertenencia religiosa, se sigue que los acólitos hayan aceptado el ‘sea anatema’ prescrito y abominen de lo que allí se publica. Los ves persignarse a la vez que reprochan e intentan descalificar a los infieles que lo leen y manifiestan su acuerdo con algunas de las opiniones heréticas que en ese medio se publican. No es que se pongan a rebatir datos y argumentos, no; eso sería arduo, aparte de que requiere tenerlos mejores, que no suele ser el caso. El ministro Puente lo llama, con su habitual elegancia de neandertal, “El Ojete”, la parroquia se ríe y el problema queda resuelto y las críticas desactivadas. Al menos, eso creen.

Antonio Caño fue despedido fulminantemente de El País a raíz de un artículo premonitorio que —troppo vero— describía con demasiado acierto y crudeza el perfil de un político que ya apuntaba maneras. Se quedó corto. Le siguieron otros, empezando por Juan Luis Cebrián, su director, luego Savater y una lista no corta de sus más destacados colaboradores, de Ovejero a Trapiello, siempre molestos. Hoy, como ha ocurrido con algunos de los mejores periodistas del país, algunos de los citados escriben en The Objective. Un lujo. No se les rebate. Es difícil hacerlo. Mucho menos que intentar descalificarlos por el medio en el que publican: les mueve el rencor, añoran sus pasados momentos de gloria y su anterior influencia, están al servicio de las fuerzas oscuras, son unos fachas. Ese es el argumentario. No es necesario señalar en qué se equivocan, qué datos falsean, qué mentiras cuentan. No, simplemente escriben donde no deben. Son unos apóstatas. En realidad lo que se les pide es que se callen, que no importunen.

Gran parte de la anterior dirigencia del partido ha manifestado su rechazo a algunas de las leyes y medidas con las que Sánchez ha ido pagando (con lo que era de todos) los votos que en cada momento iba necesitando, dado que perdió las elecciones y necesita ir haciendo un continuo encaje de bolillos de cesiones a chantajes, pagos, equilibrios, engaños, regates, promesas de pillo a pillo y balones adelante. Indultos, amnistía, blanqueamiento de delincuentes, condonación de deuda a los que usaron el dinero de todos en financiar un proyecto partidista y delictivo, financiación singular para los más privilegiados y desleales, palacete por aquí, cesiones de competencias que deberían seguir siendo exclusivas del Estado por allá, modificación del código penal para eliminar el delito de sedición, reforma a medida del delito de malversación… Lo que en cada momento haya sido menester, barra libre. A los reproches a esa deriva, a los casos de corrupción o al recurso a las cloacas para intentar amordazar bocas, se unen algunos dirigentes actuales, como Page o Lambán, poco dispuestos a recibir en su culo las patadas merecidas por su jefe, o Madina, que hace unas declaraciones mostrando una decencia a la que el partido no nos tiene acostumbrados. Les dan por todos los lados, incluso arriman la tea de socarrar herejes muchos que para hacerlo abandonan su silencio habitual, cómplice y vergonzoso.

Los párrocos se ponen de los nervios y cada uno en su capilla lanza sermones apocalípticos y condenatorios: ¡Arderéis en los infiernos, malditos! El señor-ito no perdona los pecados de soberbia, de desacato, de desobediencia, de falta de lealtad. Lealtad entendida en el sentido estalinista, concepto que, si lo buscas en Google, se explica así: «La "lealtad estalinista" se refiere a la adhesión incondicional al líder y las políticas de Iósif Stalin, así como al culto a la personalidad que se desarrolló en torno a él. Implica la completa subordinación a la voluntad del estado y la represión de cualquier disidencia o pensamiento crítico".