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jueves, 8 de diciembre de 2022

Epístola de la malversació

Todos los partidos, salvo los que aún no han tenido ni poder ni tiempo suficiente, han acabado enmerdados por una corrupción endémica en la eterna rebusca de fondos para sufragar sus gastos de campañas, de funcionamiento o de abonado de los bancales electorales. Y algo para el que reparte. La prevaricación, la malversación, la mordida, la comisión a cambio de adjudicación de obra pública, han acabado siendo una parte relevante de sus fuentes de financiación. Los casos Filesa, el famoso 3% de Convergencia y sus herederos y epígonos con pseudónimo, el caso Gürtel (punta de un iceberg que en algunas regiones llegó a ser el modus vivendi), el escandaloso y desmesurado caso de los EREs andaluces, forman parte de una lista mucho mayor, pues estos pocos pero aparatosos ejemplos de comportamiento mafioso han ido difuminando otros cientos o miles de delitos más pequeños y locales. Al PP, en la sentencia sobre un caso menor comparado con los anteriores, ocurrido en un ayuntamiento madrileño, se le acristianó como organización criminal, lo que es usado como inútil argumento para pretender que los demás robos y partidos no lo fueron. El manido y reconfortante y tu más y el pues anda que tú.

El mismo Partido Popular —cosa que le honra como otras lo deshonran— agravó la figura de malversación en su reforma del código penal en 2015 quitando en la valoración de ese delito el artero distingo de si el dinero malversado acabó, todo o en parte, en los bolsillos del malversador o de un tercero, o si tenía un fin que ahora se quiere hacer ver como más honroso y perdonable. Esto es, reducir penas e inhabilitaciones siempre que se robe con el benemérito objetivo de financiar al partido, a apesebrar o sobornar votantes, financiar un golpe de estado posmoderno o a crear organismos semiclandestinos al servicio exclusivo de una facción, inútiles o redundantes, donde bullan conspicuos conspiradores que trabajen en la oscuridad para crear un estado paralelo e ilegal. Parasitar un presupuesto público que se pone al servicio exclusivo del partido que gobierna y lo administra, a menudo fuera de la ley, sólo en beneficio de sus partidarios y de sus delirios. Si se roba para fines tan nobles y altruistas, la cosa cambia. Dónde va a parar. Es por el bien de la causa, del partido, en definitiva y en último término, del pueblo —tontos, que es por vuestro bien— y obligados por su inequívoco mandato, sin maldad se resignan a meter la mano en la caja.

-o-o-o-

—Reconoce que nos hacen decir unas cosas… No sé yo, no sé yo. A mí, la verdad, es que ya me va empezando a dar algo de vergüenza defender algunas de ellas, que todo esto queda grabado y uno nunca sabe qué tendrá que acabar defendiendo y justificando. Cuando los demás sigan nuestro ejemplo, nos va a dar la risa tonta al reprochárselo. Y la gente es muy crédula, pero todo tiene unos límites. Algunas noches cenando, hasta en mi casa me miran raro, y algunos conocidos me escrutan de reojo, o se cruzan a la otra acera al verme venir. Cuando la moción de censura de Sánchez íbamos diciendo que era por la corrupción del PP. Y muchos hasta se lo creyeron. Ahora toca defender lo contrario, a entrar en matices y excusas de mal pagador, y empujar a la parroquia a aplaudir casi lo mismo que entonces le hicimos abuchear. La verdad es que lo mismo no, peor; porque estas malversaciones que ahora casi santificamos fueron cometidas para financiar un golpe de estado, palaciego si, posmoderno, también. Pero golpe. Oye, que ya me va dando cosa escucharme y verme interpretar este papelón.

—Joder, que pareces el Page o Lambán. Ya no te digo Guerra o Leguina. No te reconcomas. Y debe de ser una sensación nueva para ti eso de la vergüenza y el reparo, si mal no te conozco. Te creía más jesuítico. Tú acuérdate de Arzalluz. O de esos que decían que siempre se preguntaban entre lágrimas qué hubiera hecho el Chávez. Tú como el Maduro, lo que diga el pajarraco. De todas formas, son cosas del oficio, muy duro y sacrificado, a menudo incomprendido.

—Una medalla nos tenían que dar, oye, no el baldón de una condena como vulgares ladrones —dice otro de la mesa de negociación, análisis y estrategia, recolocándose la barretina. Y encima inhabilitarnos y echarnos del convite —añade. Que somos ladrones, es cosa que queda fuera de toda discusión, para qué vamos a engañarnos. Ahora bien, no nos humillemos a nosotros mismos comparando los nuestros con los delitos comunes. Todos somos del gremio, por el amor de Dios, políticos, y perro no muerde a perro. Es más, nen, mira lo que te digo: o me reformas esto de la malversación ahora mismo, y de perdidos al río, o te va a votar tu santa madre. Lo de la sedición tampoco te ha dolido tanto, al entrar con la vaselina de nuestros votos, y la gente está en otras cosas, gracias a Dios. 

—Bueno, quillo, no te pongas así, que ya ves que nos vamos ocupando de ello. Hacemos lo que podemos, que dijo Rajoy. El asunto es tener distraido al respetable. ¿Qué te voy a contar? Tenemos una carpeta llena de episodios, cuentos y chascarrillos para que, llegado el momento, entren al trapo y se encandilen. Casos gravísimos de chistes de machistas, si es menester resucitamos algunos franquistas, del siglo pasado o del XV, que ya mostraban aguiluchos, yugos y flechas; episodios de periodistas y presentadores desafectos, del monstruo del lago Ness y, en caso desesperado, le encargamos otra ley a Irene o a Belarra y, con el inevitable pifostio, tenemos a la prensa, las redes y el personal absortos y a la greña dos o tres meses. De que se den cuenta estamos acantonados. Con las otras leyes ha funcionado de puta madre, tito. 

—El caso es que, volviendo al tema, colegas, he llegado a pensar, no creáis, que cuando se cruza la línea, aunque sea con buena fin, ya la has jodido. Siempre aparece el ladrón que roba al ladrón, el sinvergüenza que supera al jefe, el encargado de la caja b que, viendo pasar las bolsas de billetes por delante de la jeta, se engolosina y acaba quedándose con la parte del león. Y aquí el partido poniendo la cara y cargando con la mala fama y con los juicios. ¡Cuánta ingratitud!
—Además, ¿cómo va a ser lo mismo robar para un partido de derechas que para uno 'progresista'? Y, si se es separatista qué te voy a contar. Unos santos. A ver cómo nos las arreglamos para salvar al Griñán y no al Bárcenas, sí a Pujol, a Junqueras y sus secuaces y no al bigotes.
—Hay que hilar fino, tío.
—Pues se busca un jurista experto, un sofista, un leguleyo mercenario más retorcido que escrupuloso y, si le sale bien el encaje de bolillos y cuela, lo metemos en el Supremo o en el Constitucional. De paso, en su momento, se ocuparía de dar por bueno lo que ahora vayamos hilvanando con su ayuda. No se va a llevar la contra a sí mismo.
—Ya tenemos allí unos cuantos de esos, es verdad. Hay que tener más que los otros, que todo sea por la independencia del poder judicial.

—Otra opción, si la cosa se pone chunga y no salen las cuentas, es no meterse en distingos y otrosís y salvar a toda la cofradía de Monipodio, a los nuestros y a los ajenos.
—Sí, así se aprueba el esperpento por unanimidad, por estas que son cruces. ¿Pero, la gente qué va a decir?
—Mira, alma de cántaro: La gente no dice esta boca es mía. Ya lo ves. Y al coro ya lo tenemos ensayando las nuevas funciones, los violines y el guitarrón afinados y los trajes de charro en el tinte. Les salen las rancheras de nácar, con sus suduases y lalalarises bien compactos y afinados. Y, a la gente que le den, que nos van las habichuelas en ello.
—Que le sigan dando, querrás decir.
—Pues eso.

—Pero no te confíes, que nos han eliminado del Mundial de fútbol antes de lo previsto sin habernos dado lugar a cortarle las uñas a la malversación y ya hay quien ha tenido tiempo de leer las noticias en algún periódico de la caverna, o se equivoca buscando canal y acaba viéndonos en el Parlamento zurciendo leyes, que es un espectáculo poco edificante. El volcán no lleva trazas de reavivarse, pero igual, Dios lo quiera, nos cae otra filomena, nos salva un terremoto o acude en nuestro socorro una nube de langosta, no hay que perder la esperanza. Igual a algún gilipollas se le ocurre enviar sobres con lenguas de gato, dan un golpe de Estado en Alemania o el Putin tira alguna bomba atómica en Ucrania. Dios dirá. Ya ocurrirá algo de estruendo y aparato. Y si no, ya se nos ocurrirá a nosotros. Porque como le dejemos al personal tiempo para pensar y considerar la situación y estas reformas, estamos perdidos. Siempre nos quedará la Ayuso.

—A la Ayuso mejor dejadla, ni me la mientes. Lagarto, lagarto. Seguid con lo de la sanidad y eso; sólo la de Madrid, claro está. De darle, ni agua, pero no os confiéis. No encontramos quien quiera presentarse contra ella, salvo algún tercerón desesperado. Mira los pelos que se dejó Iglesias en la gatera, que parece otro. Un gallo desplumao, un águila matá a cañazos. Un Sansón que ha quedado para vestir santos zurdos entre las ruinas de su templo hundido. A vender crecepelos ideológicos a sueldo del Roures. Ahora están bordando el manto de Santa Cristina, y no sé si se atreverán a beatificar al peruano del gorro.
—Si ese peazo Bolivar temblón ha dado un golpe de estado, aunque sea a sí mismo, es que es de derechas, a mí que no me jodan. O será que lo acosaba la justicia fascista.
—Sí. Eso debe ser. Una de dos.
—Por cierto, lo del Castillo este, eso de suspender la Constitución y pasarse las leyes por el arco de triunfo para hacer otras a su gusto no deja de ser lo mismo que  lo del Puigdemont y su banda de frenopáticos. No ha habido tampoco ni un tiro, pero lo van a acusar de traición, rebelión, golpe de estado...
—Es que ellos no tienen que fingir que armonizan sus leyes con las peores de los demás. A la media hora, en la cárcel y creo que va a estar allí algunas horas más. Dicen que le piden veinte años a la sombra.
—A mí, lo que más me ha gustado es que el Parlamento lo ha destituido por «manifiesta incapacidad moral». Me gusta esa figura. Oye, y ahora que estamos de reformas penales ¿podríamos poner eso en el código?
—¿Tú, es que eres gilipollas?

—Lo que más me preocupa es que al jefe se le ha ido la mano y, si es que juntamos despojos bastantes para recoser otro Frankenstein, no va a dejar nada que darles ni venderles para la próxima legislatura. Nos queda lo del referéndum o resucitar la parte anticonstitucional del Estatut para negociar la investidura. Ya hemos endosado al Constitucional la jueza del partido que fue quién lo asesoró. Siempre podríamos transferirles el Museo del Prado. Luego ya habrá que pagarles los votos en metálico.
—O darles Castellón 
y desviar para allá el Ebro el Tajo-Segura y luego les compramos el agua
—Pero cuatro años son muchos años, muchas leyes, muchos decretos, muchos apaciguamientos y la teta no da para más.
—Machista.
—Si podemos seguir convenciendo a la gente de que la oposición aún es peor que nosotros, si cabe, salimos para España.
—Facha.
—El caso es que sigamos gobernando y que no falte santa nómina bendita, aunque tengamos que ver al jefe como Cristo, entre dos ladrones.
—Lo malo es que con dos no hay bastante.
—Bueno, pero hay muchos más. Será por delincuentes. El poder une mucho y Dios aprieta, pero no suelta.

—Amén.

 


miércoles, 16 de noviembre de 2022

Epístola de la sastrería legislativa


—¿Cómo le ponemos a esto, tito? 
—Sujétame el cubata mientras escribo:
"Trasposición de Directivas Europeas y otras disposiciones para la adaptación de la legislación penal al ordenamiento de la Unión Europea y, reforma de los delitos contra la integridad moral, desórdenes públicos y contrabando de armas de doble uso". Además, lo endosamos por el procedimiento de urgencia, así evitamos los informes del Consejo de Estado y del Consejo General del Poder Judicial, un trámite necesario
 cuando se trata de una Ley Orgánica, pero engorroso. Nos hacemos lo despistados y nos los saltamos, que capaces son de ponernos pegas los de las puñetas. Andamos con prisas y no estamos para ponernos puntillosos ni estupendos.
—¿Metemos también ahora lo de la malversación y de perdidos al río? De todas formas, nos van a decir de todo menos bonito y, ya de paso, nos evitamos el cante de indultar a Griñán y el marrón con el héroe de Waterloo.
—No, paciencia. Ya presentará allí una enmienda Asens, Rufián, Echenique o el que se acuerde y les dejamos completo el ajuar de trajes a medida de la temporada de otoño-invierno. Los patrones los trae Rufián; se los cortó mosén Junqueras, que hizo un cursillo en el trullo. En el Parlamento les quitamos los pespuntes para la segunda prueba, levanta la mano el jefe de los grupos que están en el ajo y se aprueban estas costuras en un pispás. De Balenciaga van a quedar. Pura democracia pret-a-porter. Allí no bala ninguna oveja a destiempo, menos sabiendo que se están empezando a hacer las listas. Y la oposición que rabie, unos fachas, unos totalitarios, gente irrespetuosa con la Constitución, con los procedimientos y con las formas. Ni poner los jueces que queremos nos dejan, fíjate tú. Los que nos tocan, esos que, antes o después, tendrán que escudriñar y aquilatar la legalidad de estas medidas tan convenientes y tan progresistas que vamos tomando. Y, de oportunas, ni te cuento.
—¿Tú crees que colará la cosa? —dice el otro.
—Pero alma de cántaro, ¿Quién nombra al fiscal? ¿Y al juez? ¿Quién te pone o te quita en las listas en las plazas de salir? Pues eso. Aquí no rechista ni el Tato. Los barones sollozarán sus ¡Ay, qué disgusto que tengo! de rigor, que están en campaña, pero se les pasa pronto. Cada uno tiene su papel en la obra, pero el libreto lo escribe el jefe.
—¿Tú, de verdad crees que con estas sastrerías se conformarán o tendremos que resucitar el Estatut anticonstitucional o dejarles hacer un referéndum?
—Tiempo al tiempo, ya se verá. Cada día tiene su propio afán, menos el presi, que siempre tiene el mismo. Y, hasta que no tengamos al Supremo y, sobre todo, al Constitucional en el saco, no podemos echarnos del todo al monte.
¿Verdad que está la cosa más tranquila, tito?
—Pues dónde va a parar. Hay que vivir el momento. 

Así lo ven o lo quieren ver, mientras otros pensamos que siempre es mal negocio intentar apaciguar al matón. Darle algo de carnaza para que vaya comiendo. Cuando se le acabe pedirá más y mejor, vista la debilidad del que se la suministra. Siempre se pone el ejemplo extremo de Hitler. Igual con Polonia se conforma. Mira qué tranquilo que se ha quedado mientras hace la digestión. Pero es un procedimiento equivocado el de aplazar el mal definitivo admitiendo de entrada uno por el momento menor, pero avisador de lo que viene después. La insaciabilidad del que saca a base de violencia o de chantaje lo que no le corresponde. Negociar con el que abusa ya es consentir el abuso, compartir los derechos de autor. Es más, supone abonarlo, dejarle crecer con un desentendimiento cuando no un apoyo cobarde y venal. No suele acabar bien. Con los separatistas nunca ha funcionado otra cosa que la justicia y la trena, aunque también son de cartera sensible.

No hay nada que negociar bajo esos chantajes. Esa actitud dialogante con el que impone el marco y anticipa como incuestionable el resultado de unas negociaciones que no lo son, no es tolerancia, no es equilibrio, es ganar tiempo para acabar perdiendo la partida, un tente mientras cobras para continuar recayendo por esta cuesta abajo de cesiones sin fin ni retorno que nunca aplacarán a una fiera insaciable. Es rendición anticipada, es cobardía, es debilidad, es infamia.

Se agrava la cosa al maquinar una negociación como entre iguales, ya en principio improcedente, en despachos y covachas, hurtando al Parlamento su papel deliberativo y legislador. Desde los parlamentarios que han de votar las leyes hasta algunos miembros del gobierno se enteran por la prensa de qué es lo que ‘libremente’ en las cámaras deberán aprobar. Lo que unas cuantas personas hayan acordado en un despacho. Una parodia burda de la democracia y del parlamentarismo para cometer una tropelía jurídica que martiriza las leyes en potro parlamentario. Luego acusarán a otros de debilitar el sistema, se quejarán de que han heredado una democracia imperfecta, lógica degeneración, gracias a estos farsantes, del perverso régimen del ’78, en cuya demolición con tanto celo trabajan. Pocos dudan ya de que nuestra democracia es hoy, gracias a estos irresponsables, mucho más imperfecta de la que heredaron. El estado de derecho establece unas limitaciones legales al ejercicio de los poderes. Desmantelar esas barreras según convenga no es cosa que pueda nombrarse con ninguna palabra positiva o agradable. Elija cada cual la que considere adecuada.

Confunden la siempre peligrosa razón de Estado con una mezquina y circunstancial razón de gobierno. De  este gobierno. O, peor aún, con las razones y necesidades de una ambición personal dependiente de estos contratos con sus socios y apoyos, ninguno de ellos especialmente interesado en nada que sea común y que garantice la pervivencia de una nación unida e igualitaria. La mesa de sus negociaciones es un mostrador. El de una tienda, una sastrería, un taller de corte y confección, donde todo el género está en venta, y ahora en período de rebajas. Lo que unos venden y otros compran no les pertenece a ellos, sino a ese pueblo al que desprecian y estabulan en corrales identitarios cada vez más estancos. Haciendo tratos con delincuentes no es de extrañar que los acuerdos sean más que cuestionables. Sin rubor se mercadea con una anunciada desjudicialización de la política, de la suya, la de los golpistas, un eufemismo (fracasado por transparente) de la impunidad que acuerdan. Luego vienen los argumentos, las razones, las excusas.

Esto ya estaba previsto, un precio que ven asumible porque era necesario para ellos, aunque perjudicial para el país. No nos insulten con fabulaciones y patrañas como es decir que se trata de armonizar nuestra legislación con la europea, o que simplemente desean poner al día figuras legales obsoletas y antañonas, que si tal y que si cual. Entrar a rebatir tales falacias y engaños sería elevarlos a la categoría de argumentos y razones, concederles una realidad que no tienen. No hay nada que argumentar, nada que rebatir. Todo es engaño, teatro, compra y venta. El Parlamento votará lo que se les lleve acordado en otros foros menos institucionales y así se dará un barniz democrático y un amparo legal al pactado desmantelamiento de las pocas defensas que al Estado le han dejado frente a sus enemigos, muchos de ellos sentados en esas mesas de contratación, algunos dirigiendo grupos o grupúsculos parlamentarios, facciones o familias.

Da vergüenza ajena ver cómo algunas personas que algún día nos merecieron respeto acuden sin rubor a defender estas infamias. En las alturas y en las bajuras, en la prensa y en los foros. El Sánchez Cuenca, como acostumbra, es para nota. Chatarra argumental rendida a la ideología e inmune a la razón. De ahí para abajo, suduáduá. Se les esperaba, como siempre; incluso es ocioso analizar sus ya previstos discursos de argumentario. Estos mariachis y palmeros ya lo hacen sin esfuerzo, sin sentirse ridículos al interpretar ajenas partituras y cacarear las homilías escritas por sus obispos. La práctica y la costumbre ayuda mucho y no se han llegado siquiera a plantear qué pensarían si otros fueran los que obrasen con este talante y perpetraran abusos similares. Muchas armas van a dejar al enemigo. Menos que argumentos con que condenar lo mismo que ahora aplauden, cuando sean otros los que hagan cosas similares, empezando por deshacer estas, aplicando las formas y la barra libre que los suyos han creado. Nada es para siempre y muchos deberían haber escarmentado, pillados por cepos que habían colocado para los demás.

Si fuese cierto algo de lo que aducen mientras cortan y cosen un traje legal a medida de los golpistas del procés, si tuvieran la menor intención de evitar futuros pronunciamientos, si el propósito de unos, facilitado por la dejación de otros, no fuera desarmar legalmente al Estado en lugar de reforzarlo como debieran, cosa que ni siquiera fingen pretender, es decir, si fuesen unos gobernantes decentes, recuperarían en primer lugar la figura de convocatoria ilegal de referéndum, oportunamente eliminada por el principal amplificador, si no creador de estos problemas, el expresidente Zapatero, de triste recordación. Eso, entre otras mil cosas incumplidas, nos prometieron hacer.

El Supremo juzgó con las leyes que le dieron. Las que le dejaron con las uñas cortadas. Y es cierto que los jueces carecían de figuras legales adecuadas al caso, dada la inactividad suicida del pasmarote de Rajoy y la creatividad de los separatistas para dar un golpe posmoderno, no necesitando recurrir a la violencia para ocupar un poder que ya ejercían. Fue su criminal desempeño, empezando por una prevaricación continuada durante años, lo se intentaba castigar, pues fue gravísimo y totalitario, aunque hoy trabajen del brazo gobierno y otros amparadores o representantes de los delincuentes en diluir y rebajar intenciones, hechos y delitos. Es la justicia quien se excedió, nos vienen a decir.

Por eso, si pretendieran desalentar y evitar, en lugar de hacer más amplias y menos riesgosas las puertas para futuras intentonas, redactarían figuras legales que se ajustaran a lo que es necesario prevenir y, en su caso, castigar con dureza. Y podrían encontrar modelos en esa Europa a la que tan falsamente apelan ahora para enjuiciar a los que intentaran de nuevo desgajar una parte del Estado por las bravas o a los que, con esas intenciones, vulneraran la Constitución, el Estatuto de Autonomía y otras leyes que entorpecen y limitan sus planes. Alta traición entre otras, con penas que llegan a la cadena perpetua. Inconcebible sería que en esos países que quieren hacer pasar por modelo, sólo cuando y en lo que les interesa, que un presidente de gobierno negociase, por su cuenta y de espaldas al parlamento, reformas legales que modificaran las leyes que protegen al Estado contra sus peores enemigos internos, y menos a cambio de apoyos parlamentarios traficados precisamente con los partidos que los representan. Unos partidos que, por cierto, en muchos de esos modélicos países estarían prohibidos por sus leyes.

Discutimos pues, sobre palabras, sobre relatos, sobre patrañas; porque los hechos están claros, todos los vimos, sea cual sea la figura legal con que aquí o en otros países se cataloguen. Sedición, desórdenes públicos, rebelión, golpe de estado, desvío de fondos públicos para financiar iniciativas particulares e ilegales, entre otras cosas. Todas ellas y algunas más se perpetraron y corta fue su condena para lo que, en mi opinión, merecían. No se trata de modificar leyes y tipificaciones por necesidad del país, sino por interés coyuntural de los que ahora intentan cambiarlas. Todos sabemos de qué va esto, para qué, por qué y para quiénes son los trajes. No se cambia la redacción de la figura de sedición. Se suprime y sustituye por otra menos gravosa que solamente se refiere a una ínfima parte de lo que estos sujetos cometieron. Eliminada la figura, perdonado queda el delito por inexistente tras el truco de magia. Y, por ende, también las penas. Et voilá. Ya hemos torcido el brazo a los tribunales, a las leyes y a la razón. Ya que los jueces no hacen lo que nosotros queremos que hagan, dejemos sin efecto sus resoluciones y sus sentencias. Ahora, envalentonados y metidos en harina, amortizados ya los indultos, ver cortarle las uñas al delito de malversación hará olvidar, al menos por el momento, los despropósitos anteriores, que el personal no da abasto a metabolizar el vértigo de sus abusos. Su tiempo y su memoria no dan para tanto. Se enfadarán con unas medidas que, en un ciclo perverso, harán olvidar las anteriores. Y si no, ya encontraremos la forma de explotar un error ajeno en un tema de postín para tener entretenido y encorajinado al personal con la oposición, olvidándose de nosotros mientras perpetramos estas reformas. La sanidad de Madrid, por poner un caso.

Adelantándonos a los acontecimientos, preparémonos para escuchar grandes cosas. Algunas serán difíciles de digerir (y aún más de defender) y entra dentro de lo posible que haya quien no pueda estirar tanto su desvergüenza. Como pretender distinguir en la malversación la que se hace por lucro personal o la atribuible a otras causas, distinción muy jesuítica, pero infame e interesada. Robar para mí es malo. Muy malo. Indudablemente. Pero pretender que juzguemos mejor robar para el partido, sea para financiar campañas, para abonar los bancales electorales o para financiar delitos, es cosa de mérito. Hace falta cuajo. En este gremio, ya de por sí muy comprensivo con sus propios desmanes, hay quien toca fondo día tras día. Y da pasos hacia atrás, como estos que se nos anuncian. Pero, al parecer, sólo detectamos el sentido real de la marcha los que no somos cangrejos progresistas. Como avance se nos presentará el retroceso y la parroquia así lo verá, dándose cuenta ahora de que precisamente eso es lo que llevaban años pensando. Es lo que vienen haciendo con medidas igualmente problemáticas. Amén, pues; me gusta y a otra cosa. Y facha el último.

Pudiera ser incluso que lo de la malversación sea cosa de francotiradores del amasijo societario, o un señuelo. Discutiendo sobre el globo sonda, nos entretenemos con lo que tal vez no se hará, dejando de indignarnos por lo que ya se ha hecho, que es excesivo e imperdonable. No hay tiempo para procesar tanto disparate y tal vez con demoníaca astucia (y no sería la primera vez) nos pastorean para que nos pongamos a pacer donde no hay hierba, distrayéndonos por el momento de la roturación de los rodales más enjundiosos. Hasta Feijoo dice que esta sería la gota que colmaría el vaso, cayendo en la trampa de entender y sugerir que aún cabe más, de no verlo chorrear desbordado desde hace ya mucho tiempo.

Si les llamamos trileros, más debieran de ofenderse por esa igualación los que ejercen tan engañosa industria por ferias, calles y plazas que estos personajes que una vez más intentan tomarnos por tontos. Si a su feligresía les parece bien que por imbéciles les tengan, con su pan se lo coman. Pero no nos pidan a los demás que comulguemos con tales ruedas de molino.

* Fotografía de Manuel Vázquez, en El País.
https://elpais.com/elpais/2016/03/16/eps/1458129917_864596.html